Yasek Manzano 
Trompetista de jazz

Yasek Manzano, el trompetista joven más interesante que ha salido de Cuba durante la última década, permite que se le etiquete como «jazzista», pero añade: «también tengo algo de músico clásico. Me gusta la música en general». Sus padres no eran músicos —su padre era profesor de Física y su madre de Química— pero no eran totalmente ajenos a las artes, ya que ambos habían sido actores en un grupo de teatro universitario. En cualquier caso, estaba claro que su hijo iba encaminado a la carrera musical. Su introducción al jazz vino de la mano de Bobby Carcassés, el trompetista que lanzó el importante Festival Jazz Plaza en La Habana en 1980, el año en que nació Yasek Manzano. Cuando tenía 13 años, subió al escenario junto a Carcassés y su banda en el Jazz Plaza, y volvió a hacerlo dos años más tarde, en 1995.

Manzano estudió trompeta en el conservatorio de Alejandro García Caturla en Marianao, y posteriormente pasó al conservatorio de Amadeo Roldán. Todavía durante su adolescencia, antes y después del cumplir el servicio militar, trabajó con el percusionista, compositor y arreglador afrocubano Óscar («Oscarito») Valdés. Participó junto con Valdés y su grupo, Diakara, en su disco Un africano en La Habana. «Esta fue una experiencia muy importante para mí», afirma Manzano. «Tras eso, pude progresar como compositor».

Una noche, cuando apenas contaba con 17 años, Manzano participó en una jam session en La Zorra y El Cuervo, el famoso club de jazz de La Habana, con el legendario trompetista estadounidense Wynton Marsalis. «En cierto modo era lo suficientemente valiente, o atrevido, como para tocar mano a mano con él», recuerda Manzano. Ese mismo año, su atrevimiento lo llevó a tocar con otra estrella del jazz de EE.UU., Roy Hargrove, que quedó igualmente impresionado con el talento del chico cubano.

Manzano decidió acudir a Estados Unidos para «conocer las raíces del jazz, Louis Armstrong, ver lo que se cocía en Nueva Orleáns y esas cosas». En 2001, obtuvo una beca para acudir a la escuela de música Julliard. Cuando se le pregunta por sus influencias americanas, rápidamente cita a Miles Davis. «Por supuesto, Miles fue, y es, una absoluta referencia para cualquier trompetista de jazz», afirma. «Miles era valiente. No le preocupaba que su música fuese perfecta; tocaba lo que quería. Me gusta el periodo en el que tocó con John Coltrane, Gil Evans y Cannonball Adderly [finales de los 1950], y también cuando tocó con Wayne Shorter y Herbie Hancock [1964-68].»

Cuando fue a Nueva York, Manzano buscó a Wynton Marsalis. Resultó que Marsalis no recordaba haberlo conocido años antes.

Manzano tuvo que realizar una nueva audición, pero rápidamente Marsalis escuchó lo suficiente como para quedar convencido y aceptó a Manzano como estudiante.

En 2004, Manzano regresó a La Habana y comenzó a mostrarse como el mejor joven talento de música jazz de Cuba. Pasó los siguientes cinco años tocando con todo el mundo, probando distintas combinaciones. En ocasiones parecía que había regresado a La Habana para olvidar el formalismo que había absorbido en Estados Unidos. «Aquí en La Habana puedo juntarme con músicos en la calle, caminando por el Malecón, con guitarristas o con cantantes de trova, y puedo tocar música cubana o cualquier cosa con ellos, como a mí me gusta», afirma. «Aprendo al tocar con músicos en el estudio, pero también aprendo mucho tocando en la calle».

El primer disco de Manzano con su propio nombre salió poco después de que resultase ganador en el Festival Jojazz 2003 de La Habana. Al final compartió el premio y la autoría de la grabación con el saxofonista alto Roberto Martínez, que contribuyó con seis canciones al disco para el Jojazz, mientras que Manzano era el autor de cinco. «Tuve la oportunidad de grabar ese disco y la aproveché», recuerda Manzano. «No contaba con mucha experiencia como compositor».

Manzano tiene mayores ambiciones para su nuevo proyecto, en el que estaba trabajando cuando lo entrevistamos para Havana Cultura. Nos reunimos por primera vez con él en la playa de la ciudad, donde le gusta hacer ejercicio y sin su trompeta. «Vengo con menos asiduidad porque tengo algunos instrumentos nuevos y no quiero que se corroan con el aire salado», nos dijo.

Manzano es corpulento y risueño, lleva unas gafas estilo Dizzy Gillespie, y lo seguimos hasta el Abdala, uno de los más nuevos y mejor equipados estudios de grabación de La Habana. Además de él mismo como trompetista, Manzano contaba con la colaboración de un quinteto formado Raciel Jiménez a los tambores, David Faya al bajo, Delvis Ponce al bajo, Edgar Martínez a la percusión y Jorge Luis Pacheco al teclado.

No estábamos seguros de cuánto tiempo tendría Manzano para dedicarnos (estaba ocupado probando ajustes y mezclando pistas de algunas sesiones recientes), pero resultaba obvio que le gusta demasiado tocar la trompeta como para perder cualquier oportunidad de hacerlo. Así, sin avisar, improvisó una magnífica versión de Stormy Weather para nosotros.