William Vivanco
Cantante / Compositor

"Bu-lu-la-la-la, bu-la-la..." Cuando William Vivanco camina por las calles de La Habana, eso es lo que la gente le canta: el estribillo de Cimarrón, la canción (y especialmente el vídeo) que le convirtió en una estrella.

"Escribí Cimarrón utilizando pequeños sonidos onomatopéyicos divertidos, `bu-lu-la-la', y la cosa se convirtió en una especie de gran broma", dice Vivanco. La broma todavía le divierte, aunque parezca estar reñida con el trasfondo más serio de la canción. La palabra "cimarrón" (literalmente, "alguien que vive en las cimas de las montañas") hace referencia a los esclavos africanos que se escapaban de sus dueños españoles, y la canción es la historia de la búsqueda de la libertad del propio Vivanco.

Escribió Cimarrón cuando llegó por primera vez a La Habana, aunque llevaba consigo la historia desde Santiago de Cuba. La idea se le ocurrió mientras estaba haciendo escalada en Baconao, un enorme parque natural situado a unos 20 quilómetros de Santiago. "Ahí es donde sentí por primera vez el espíritu de Cimarrón, el negro que había sido esclavo, se había escapado y se había refugiado en las montañas. Además de la de Cimarrón, sentí que estaba descubriendo mi propia historia. En cierta manera, Cimarrón soy yo, por mis orígenes, mis antepasados haitianos-africanos, pero no sé quién era él, quién era yo."

¿Quién es, pues, William Vivanco? Es un trovador, según la tradición de los músicos-poetas que vagaban por Europa en la Edad Media, pero más exactamente según la tradición de los cantantes de trova cubanos, que surgieron de la ciudad natal de Vivanco a principios del siglo XIX. Al crecer en Santiago, cuna del son y el bolero cubanos, además de lugar de nacimiento de la trova, Vivanco se encaminó de manera natural hacia la música. Aprendió a tocar la guitarra dando vueltas por la legendaria Casa de la Trova de la calle Heredia, "robando acordes". Tocaba en la calle para ganarse las propinas de los turistas. También cantó en un coro infantil profesional, educando la voz, aprendiendo las técnicas que le permitirían desarrollar su estilo vocal, con esa percusión suya característica.

El camino desde que salió de Santiago fue largo. Anduvo vagando por el campo cubano, tocando en romerías que duraban todo un día y en el Festival de Cantantes de América de Guantánamo. Cuando llegó por primera vez a La Habana, tenía 22 o 23 años. "Subí al autocar en Santiago con 40 pesos cubanos en el bolsillo", explica. "Nunca lo olvidaré."

En el festival de la canción de Santa Clara, un productor del sello Bis Music andaba viendo las actuaciones de todos los trovadores para lograr reunirlos en un álbum: ocho trovadores, dos canciones cada uno. Posteriormente, el sello ofreció a Vivanco un contrato para grabar su primer álbum en solitario, que fue Lo tengo to' pensao en 2002. Luego pasó a grabar con Telmary Díaz, una de las cantantes de rap más asombrosas de Cuba. "Fuimos novios un par de años", dice Vivanco. "Hacíamos discos así, `sobre el terreno', como decíamos nosotros, y la gente los escuchaba por la radio y les gustaban." En 2007, Vivanco grabó su segundo disco en solitario, La Isla Milagrosa, producido por Descemer Bueno y Roberto Carcassés.

Hay que dejar claro que William Vivanco no es Lenny Kravitz ni Ben Harper, a pesar de que algunos críticos le han acusado de lo que ellos consideran similitudes con los dos artistas americanos. "No es culpa mía; es genético, no puedo remediarlo." Quizás para escapar de la comparación, Vivanco ha empezado a distanciarse de sus melodías más funky y pop a favor de una música más "santiaguera", más cubana, más rítmica: más tradicional.

El interés de Vivanco por la música tradicional no es una fase pasajera; sino que le acompaña a todos los países que visita. Cuando estuvo en Venezuela, buscó música joropo; escuchó perico ripiao en la República Dominicana, y ahora tiene previsto un viaje para investigar la música changüí en Guantánamo: "Creo que la música, cuanto más vas a las raíces, mejor es."