René de Cárdenas
Coreógrafo

Durante 30 años René de Cárdenas bailó con el Ballet Nacional de Cuba y trabajó bajo la dirección de la gran Alicia Alonso y junto a una generación de leyendas cubanas del baile: Jorge Esquivel, Andrés Williams, José Zamorano, Romel Frómeta. Como bailarín ha actuado en Bulgaria, Canadá, Chile, Bélgica, Venezuela, Polonia, Colombia, España, la República Dominicana y los Estados Unidos.

Como coreógrafo, Cárdenas ha realizado unas doce obras cortas que han formado parte del repertorio de varias compañías de baile cubanas. Pero según dice él, todo ello fue un simple preludio a Sonlar, su primera gran producción y la primera que representó su propia Compagnia René de Cárdenas ante un público cubano. Sonlar se estrenó en diciembre de 2004 en el Teatro Nacional de La Habana y ha estado de gira por todo el mundo desde entonces. Los críticos extranjeros la han comparado a musicales de Broadway, como Stomp y A Chorus Line, y Cárdenas admite que es irónico e insiste en que la inspiración para Sonlar surgió de una fuente mucho más obvia: su ciudad natal.

Sonlar muestra un día en la vida de un solar de La Habana, una especia de casa comunal donde viven varias familias juntas. "Lo interesante es el ritmo, un ritmo afro-cubano, y todo el ritmo ocurre sin instrumentos musicales," explica Cárdenas. "La música viene de cazuelas y sartenes, escobas, cubos, martillos, ventiladores."

"Quería contar una historia que fuera muy cubana, muy habanera. Un día llevé a mi hija a casa de su amiga, cerca del Malecón, y descubrí que estaba en un solar. Entré y escuché todos estos sonidos. Era temprano y un hombre arreglaba una bicicleta, dando golpes con un martillo. Una mujer barría. Alguien gritaba `¡Pásame el azúcar!"

Cárdenas creció en La Habana (aunque no en un solar) y su madre, una profesora de la Academia Nacional de Arte de Cuba, quería que tocara el violín. "Era un fracaso con el violín; y no tenía oído," recuerda. "Quizá por eso hay tantas otras cosas que tocan música en Sonlar." Su madre decidió entonces que su hijo debía presentarse a una prueba como bailarín, un asesoramiento profesional nada malo dada la falta de bailarines durante los años que siguieron a la revolución cubana. Cárdenas se mostraba reacio: "No quería ser bailarín; pensaba que no era algo para hombres."

Tras bailar e ir de gira durante tres décadas, y después de una lesión en el pie que hizo su trabajo cada vez más doloroso, supo que debía dejar de actuar. "No hubo trauma," insiste. "Creo que llegué hasta donde pude como bailarín de ballet." Además, estaba bien encaminado hacia su futuro como director y coreógrafo. Y a juzgar por el éxito internacional de Sonlar, sus logros más importantes estén seguramente por llegar.