Pavel Giroud
Director de Cine

A Pavel Giroud se le considera "el Truffaut cubano". Aunque él insiste en que la obra de Truffaut no le ha influenciado, reconoce un interés mutuo: Alfred Hitchcock. "Me gusta que el suspense haga avanzar la película", afirma Giroud. También le gusta el modo de utilizar el color de Pedro Almodovar y Wong Kar-wai y la manera que tiene Sergio Leone de utilizar el sonido como elemento dramático.

Sí, parece que Pavel Giroud lleva camino de ocupar un puesto entre los más grandes del cine mundial, pero no se preocupen: la ironía no le ha abandonado. Cuando le conozcan lo entenderán. Parece permanentemente dispuesto a compartir una carcajada, incluso si el objeto de la broma es él mismo. A pesar de todos los galardones que ha recibido en festivales de cine internacionales y de todas sus grandiosas ambiciones cinematográficas, Giroud huye de la arrogancia artística con una facilidad natural. Probablemente porque en el fondo es un artista genuino.

Giroud, de 35 años, estudió diseño en el Instituto Superior de Diseño de La Habana. Había planeado vagamente trabajar en una agencia publicitaria o quizás en el teatro o el cine como diseñador gráfico, pero esas ideas desaparecieron en cuanto obtuvo su título. "Me di cuenta de que no tenía suficiente talento para ser diseñador gráfico", confiesa. Así que cambió de rumbo y empezó a pintar. Algunos de sus cuadros, sobre todo los más recientes, cuelgan de las paredes de su elegante piso, en el barrio habanero de Vedado. ("Hace diez años que no pinto nada", afirma.)

Poco a poco logró acompañar sus pinturas de instalaciones de vídeo, haciendo hincapié en la ironía. Anuncios de televisión falsos, películas narrativas falsas... Entonces la ironía tomó el mando. El negocio de la publicidad empezaba a despegar en Cuba, y un representante de una agencia de publicidad le planteó hacer una película para una marca de cigarros. Giroud aceptó y descubrió que después de todo le gustaba la publicidad. Con el dinero que cobró por su trabajo publicitario, empezó a filmar cortometrajes.

En los primeros cortos, Giroud se las arregló solo prácticamente con todo: el guión, la cámara, el sonido, explicar a actores que no eran actores cómo actuar, etc. La llegada de proyectos más grandes, presupuestos más grandes y éxitos más grandes ha hecho que contemple sus inicios con un poco de nostalgia. "Echo de menos la espontaneidad", declara. "Además, en esa época apenas tenía miedo de nada, principalmente debido a mi propia ignorancia. Cuando no sabes que si te caes te vas a matar, ¡saltas al vacío tan alegremente!"

A medida que iba obteniendo reconocimiento por sus cortometrajes, le pidieron dirigir videoclips y, una vez más, saltó ante esa nueva oportunidad. "Contar una historia en tres minutos, el tiempo que dura una canción. ¿Cómo podía rechazarlo?"

El único póster de una película que se ha permitido en su piso es el de "Todo por ella ", film que hizo con cinco amigos en 2002. "La verdad es que esta película me abrió muchas puertas", recuerda con gratitud. Y lo que es más importante, condujo a la excelente "3x2", que ganó el premio a la mejor película en el Festival de Cine de Montreal en 2004. "3x2" fue una colaboración entre tres jóvenes directores: Pavel Giroud, Lester Hamlet y Esteban Insausti. Cada uno de ellos disponía de 30 minutos para retratar una historia de amor. La película empieza con "Flash" de Giroud, situada en La Habana actual, donde un fotógrafo se encapricha de una modelo de los años 50.

La primera aventura en solitario de Giroud en el mundo de la cinematografía fue "La edad de la peseta", que terminó de rodar en 2006. Cuenta la historia de un chico de diez años ("la edad tonta" del título) que alcanza la pubertad justo cuando en su país se está poniendo en marcha la Revolución. Aviso de ironía: la primera película de Giroud también es la única que no escribió él mismo. El guión de "La edad de la peseta" fue obra de Arturo Infante, un joven guionista y también director de cine.

Giroud retomó sus tareas de guionista para su última película, que se titulará "Omerta". Es la historia de un hombre que trabaja de guardaespaldas para uno de los mayores mafiosos de La Habana de los años 40 y que tras la Revolución queda desfasado. "Es una historia que habla de envejecer y del arte de envejecer", afirma Giroud. Y por algún motivo, eso le hace sonreír.