Orestes Hernández
Artista plástico

La frondosa rama de palmera que se muestra en Galería 23 y 12 se parece mucho a las ramas de palmera que uno ve en cualquier calle o playa de La Habana tras una tormenta. Lo que hace diferente a esta rama de palmera concreta es que Orestes Hernández Palacios le ha añadido como complemento una tortuga viva. Está sentado con las piernas cruzadas en el suelo de la galería y parece tan fuera de lugar aquí como su palmera y su tortuga. Viste vaqueros, una camisa blanca brillante y una gorra de béisbol a juego, y parece más un reggaetonero que uno de los jóvenes artistas más prometedores de Cuba. Cuando la tortuga se aleja de la rama, Orestes (como prefiere que le llamen) vuelve a poner a la criatura en su sitio, y dice: «Ésta es una reflexión sobre la gente sedentaria, sobre el tiempo, sobre el espacio...»

El título de esta exposición, Salga el sol por donde salga, es una expresión típicamente cubana que resume a grandes rasgos la forma en que Orestes ve su trabajo y su vida. «No pienso demasiado en el futuro», dice. «Que salga el sol por donde salga. Me ocupo de las cosas cuando suceden».

Lo que está bien, porque a Orestes Hernández Palacios le han pasado cosas muy rápidamente. Nació en la provincia de Holguín en 1981 y se vino a La Habana para estudiar en el prestigioso Instituto Superior de Arte (ISA), donde terminó sus estudios en 2006. El año siguiente se le dedicó una importante –y provocativa– exposición en solitario en el Instituto Cubano de la Música de La Habana. Su instalación consistió en una habitación «típicamente cubana» en la que los artículos principales eran un par de electrodomésticos (la nevera y el aparato de aire acondicionado) y un papel de pared decorado con motivos vegetales.
 
El título: Se acabó la salsa. En 2008 participó en la exposición Bla Bla Bla, un escaparate para los artistas jóvenes más interesantes de Cuba, organizada por el conservador y crítico de arte Piter Ortega Núñez. Orestes contribuyó con un cuadro grande e ingenuo de unas fresas, que tituló «Qué manera de quererte».

Sus obras conceptuales le deben mucho a Duchamp y Orestes dice que es un gran fan del artista estadounidense Matthew Barney, aunque no piensa demasiado en la obra de artistas contemporáneos o antiguos, principalmente porque no ha tenido la ocasión de tener contacto directo con sus obras. «Aparte de los pintores cubanos no he visto nada», dice, «por tanto, para mí, es algo que hay que inventarse, como una mentira. Tengo que inventarme a mí mismo, construirme a partir de lo que tengo a mi disposición».

Orestes ha estado viviendo y trabajando en el distrito Marianao de La Habana, en un piso que comparte y alquila a una pareja mayor, Andrés e Irene. Las paredes e incluso el techo de su habitación están cubiertos con sus dibujos y acuarelas, que arrojan referencias a la cultura porno y pop estadounidense –Playboy, Marilyn Monroe, cosas que dice que encuentra por casualidad en viejas revistas y tebeos. Un piso más arriba está su estudio, lleno de más dibujos y cuadros en varias fases de preparación. «Nunca están terminados», dice, aunque parece que es algo que no le desagrada. «A veces trabajo mucho en un cuadro porque no me convence. Entonces vuelvo y trabajo más en él, lo convierto en un collage o en otra cosa».

Orestes tiene un don evidente para la pintura y el dibujo pero parece sincero cuando dice: «No creo que me interese demasiado el hecho de pintar. En realidad no me importa el aspecto sentimental, o el aspecto gestual, o el color. Es sólo un marco, un lienzo en el que poner pintura. Pero eso es lo que me gusta».