Lázaro Saavedra 
Artista visual

Lázaro Saavedra, uno de los principales artistas conceptuales  y pintores de Cuba, ha realizado varias obras importantes, particularmente "Detector de ideologías", una máquina que pretende medir el grado de aceptabilidad ideológica de un individuo. Al emitir fallos como "no hay problema", "problemático", "contrarrevolucionario" y "hereje", la pieza constituyó una ruptura en lo que a la relación entre el  arte cubano y el comentario político se refiere. El "Detector de ideologías" forma parte de la colección permanente del Museo Nacional de Bellas Artes.  

La obra de Saavedra tiene una larga trayectoria. Como artista conceptual que empezó experimentando con instalaciones en los años 90, Saavedra ha añadido videos y animaciones digitales a su repertorio, junto con sus pinturas de estilo naíf (que parecían más bien cómics) y sus elegantes dibujos de tinta.

La aproximación de Saavedra es altamente teórica: "Por lo general, construyo mi trabajo desde adentro hacia afuera. ¿Eso qué quiere decir? Intento trabajar la idea, pensar en ella y luego encontrar la forma adecuada de expresarla. Normalmente no me importa si resulta en un dibujo, una instalación o en un cuadro, lo que quiere decir que mi trabajo es muy diverso en un sentido morfológico".

A finales de la cuarentena, Saavedra es un hombre imponente con una masa de pelo negro rizado y cejas gruesas. Ha sido entrenado para convertirse en artista profesional hasta un grado que sería altamente inusual, incluso imposible, en cualquier otra sociedad occidental contemporánea. Su escuela primaria, Ciudad Escolar Libertad, incluía varios "centros de interés artístico", y a los niños a los que se les detectaba un talento para la danza, el teatro, la música o el arte podían participar todos los miércoles. Estudió en una escuela de nivel elemental de artes plásticas. (Este tipo de escuelas ya no existen en Cuba.)

"Desafortunadamente—recuerda Saavedra—, la enseñanza se basaba en representar cosas que estuvieran fuera de tu cabeza— naturalezas muertas, paisajes, etc.— en vez de desarrollar  la habilidad de representar lo que se tenía dentro". Cuando se graduó al cabo de cuatro años, hizo un examen para entrar la Academia San  Alejandro—otros cuatro años—y luego al Instituto Superior de Arte, donde curso una licenciatura de cinco años. El quinto año, Saavedra entregó una tesis y recibió su diploma como artista plástico.

"Creo que mi generación - los artistas que se entrenaron en los años 80 -, crecieron con una idea deformada de lo que es una galería—observa Saavedra—.

En aquel entonces, las veíamos como espacios filantrópicos en los que un artista se comunicaba con el público. No nos dimos cuenta hasta mucho más tarde que debíamos considerarlas espacios comerciales. Era una época en la que no parecía importante crear una obra para venderla. La gente tenía un contrato con el Fondo Cubano para Bienes Culturales de un lado, y por el otro hacían arte, que no era realmente para vender, aunque quizás, más o menos por suerte, se vendía igual. Yo personalmente no desarrollé mi talento para crear objetos que acaben decorando paredes. Sin embargo, no tengo un problema con el hecho de que un artista necesite dinero para vivir de su arte y con que el arte tenga un carácter doble. Tiene un carácter estético y otro económico, lo que en muchos casos es latente y en otros se dispersa, si bien ambos son inherentes a cualquier obra de arte".

En pleno Periodo Especial de los años 90, cuando el dinero escaseaba, Saavedra concibió una exhibición tácitamente satírica y remarcablemente moderna. La llamó Sponsor y se materializó en el año 2009.

"Estaba mirando un catálogo de arte alemán y de repente me di cuenta de que de que la mitad de las páginas eran publicidad. Pregunté lo que era y alguien me dijo que eran empresas que financiaban la exposición, el catálogo, etc. Así que tuve la  idea de encontrar una serie de empresas para financiar la exposición. ¿Y qué pintaría? Pintaría los logos de esas compañías dentro de un paradigma de arte legítimo: óleo sobre lienzo. Así que el catálogo funcionaría como un tipo de obra de arte múltiple porque, en general, una exhibición desaparece y la exhibición virtual que permanece es el catálogo; me interesaba desplazar esta idea. Así que firmé la carátula y produje una serie limitada de 500 ejemplares. Estaba desplazando los logos: no estaban escondidos en la parte trasera del catálogo, sino que eran los protagonistas del mismo."

La exhibición—patrocinada por Havana Club junto con otras empresas—emanaba claramente del Pop Art, firmemente enraizada en la obra de Warhol y Lichtenstein, en la medida en que los objetos ordinarios se convertían en arte por medio de la aplicación de pintura y las observaciones del artista.

"Algo trivial entró en la categoría de la `superesteticidad'—explica Saavedra—. También fue un comentario poderoso  sobre la comercialización del arte conceptual, y algo que quizás sólo un artista que no se crió en la era del capitalismo podría haber concebido".