Kelvis Ochoa
Cantante - Compositor - Productor

La Isla de la Juventud, situada a unos 100 kilómetros al sur de la costa de La Habana, cuenta con un lugar consagrado en la historia de la música cubana por al menos dos razones. En primer lugar, aquí tuvo su origen el estilo de música conocido como sucu sucu, alrededor de 1840, cuando la isla aún se llamaba Isla de Pinos. Y segundo, Kelvis Ochoa creció aquí, lo que lleva a creer en la suposición de un agente de prensa de que su futuro estaba escrito ("El ídolo de la juventud de la Isla de la Juventud").

Los hechos son los hechos: Kelvis Ochoa, un juvenil individuo de treinta y nueve años, es tremendamente popular entre la juventud cubana (así como entre más de algún que otro cubano de mayor edad). Su voz es tan singular como su mata de cabello rojo y, verdaderamente, es la voz de una generación. A solas en el escenario, armado únicamente con su guitarra, puede poner al público de pie y hacerle bailar durante toda la noche.

En la actualidad, Kelvis vive en el distrito de Playa de La Habana con su mujer, Elba, su hija de nueve años, Isla y un perro llamado Luna, pero no se ha olvidado de la isla de su juventud. "La Isla de la Juventud tiene un ritmo muy especial: sucu sucu," explica Kelvis. "Sucu sucu tiene más en común con el calipso y otros ritmos caribeños que el cha-cha-cha, danzón, son y otros ritmos originarios de la gran isla de Cuba. Durante las fiestas campestres que se celebraban allí (nosotros las llamamos `tumbitas criollas'), eso era lo que tocábamos, el sucu sucu. Se toca con un laúd y el ritmo viene del coro que canta los mismos versos una y otra vez."

El padre de Kelvis era un percusionista que había crecido acompañando a su propio padre. "Mi abuelo tocaba uno de esos órganos franceses que llegaron a Cuba a comienzos del siglo XX," dice Kelvis, "y formó un grupo con mi padre y dos de sus hermanos llamado Estrellas de Oriente. Era increíble despertarse por las mañanas y ver a mi abuelo Joaquín ensayando en ese enorme órgano, y supe que quería ser músico cuando fuera mayor. Solía salir por el barrio con mis amigos antes de la hora de acostarse, y tocábamos las canciones de la conga que todo el mundo conocía por los carnavales. Cuando se iba la luz en el barrio, sacábamos el mejor partido y creábamos esa atmósfera festiva en la calle."

Cuando sus padres se divorciaron, Kelvis siguió cantando. Cantaba duetos con su hermana menor en las fiestas de su madre. Esto era a principios de 1980 y cantaba canciones de Silvio Rodríguez y Pablo Milanés, pero también de Donato Póveda y Sindo Garay. Para su primer concierto de verdad, durante un festival escolar cuando tenía 14 años, cantó una canción del legendario músico de sucu sucu, Mongo Rives. Y ya no hubo vuelta atrás.

"Empecé a tomar lecciones de guitarra, a faltar a clase," recuerda Ochoa. "Mis padres me castigaban, me enviaron a hacer el servicio militar. Querían que me comportara como un adulto y me calmara, pero eso no sucedió." Empezó a escribir poesía y a ponerle música. Evitó todo tipo de formación musical formal; aún no sabe leer partituras. Escuchaba nueva trova, pero sobre todo rock and roll. "Crecí tocando en fiestas y eso es lo que todavía me gusta hacer. Me encantaba tocar para 5, 10 ó 20 personas. Nunca fui muy introvertido, nunca me gustó cantar solo para mi, siempre quise tocar en fiestas."
 
Decidió explorar el mundo más allá de la Isla de la Juventud; reconoce que otro cantante de nueva trova, Santiago Feliú, le animó a que siguiera en esa dirección y se mudó a La Habana en 1992 ("solo, con mi guitarra"). Formó un grupo de rock llamado Cuatro Gatos: "Queríamos ser Nirvana, sonar como Pearl Jam o los Red Hot Chili Peppers."

Su gran oportunidad llegó cuando se encontró con los músicos cubanos Gema Corredera y Pável Urkiza, conocidos conjuntamente como Gema y Pável. La pareja empezaba a darse a conocer como productora discográfica y andaban por ahí grabando toda la nueva música cubana que les gustaba; y les gustó Kelvis Ochoa. La recopilación resultante, que salió a la venta en julio de 1996 con la casa discográfica Nubenegra, basada en Madrid, se titulaba Habana Oculta y fue la primera vez que mucha gente fuera de La Habana tuvo la oportunidad de escuchar a Luis Alberto Barbería, Pepe del Valle, Carlos Santos, Boris Larramendi, Superávit, Andy Villalón, José Luis Medina y Kelvis Ochoa. Esto condujo a la creación del grupo que se llamaría a si mismo Habana Abierta; a otro álbum de éxito de la casa discográfica española BMG Ariola (Habana Abierta); a la incorporación de dos nuevos miembros (Vanito Brown y Alejandro Gutiérrez); a la marcha de dos de los miembros originales (Villalón y Barbería); a conciertos en España con todas las entradas vendidas durante el resto de la década de los noventa; a un retorno triunfal a Cuba en 2003 para un espectáculo memorable en La Tropical; y a un documental dirigido por Jorge Perugorria y Arturo Soto.

Con el tiempo Kelvis emprendió su carrera en solitario (BMG Ariola sacó a la venta Kelvis en 2000) y acabó trabajando con otro productor metido de lleno en el genio de la música cubana contemporánea. Descemer Bueno, quien se hizo famoso escribiendo canciones y tocando el bajo con las bandas latinas de funk Yerba Buena y Siete Rayo, empezó a producir a Kelvis y acabó colaborando con él para escribir un álbum (Amor y Música, que salió al mercado en 2009 con la casa discográfica cubana EGREM). Los dos también trabajaron juntos para escribir la música de la película Habana Blues.

Le preguntan a Kelvis si encuentra algún paralelo él mismo y otra estrella del pop de otra Isla de la Juventud. "Siempre me ha gustado," dice Kelvis, riéndose entre dientes ante la idea de que le comparen con Elvis (Presley). "Mis padres solían escucharle, y yo también le escuchaba."

Su capacidad para apreciar tantos tipos de música diferentes, su talento para plasmar esa inspiración en su trabajo y concebir un sonido totalmente suyo; es lo que ha hecho de Kelvis Ochoa una fuerza tan vital de la música cubana en la actualidad.