Juan Roberto Diago
Artista Visual

Sería difícil nombrar a un artista cubano contemporáneo que haya disfrutado de más éxito crítico y comercial que Juan Roberto Diago Durruthy. Pero por lo que dice Diago (todo el mundo le llama "Diago"), el éxito nunca ha ocupado un lugar destacado en su lista de prioridades. "Si a la gente le gusta lo que hago, estupendo," comenta. "Si no, continúo haciéndolo." 

A la gente le ha gustado lo que hace por lo menos desde 1995, cuando el Museo Nacional de Bellas Artes de Cuba le galardonó con el Premio Juan Francisco Elso. La obra de Diago ha sido expuesta en la Bienal de Venecia y en la Feria Internacional de Arte Contemporáneo (FIAC) de París, entre otros lugares, y sus cuadros han sido adquiridos con avidez por coleccionistas de todo el mundo.

El éxito no ha sido algo poco común en la familia de Diago. El nombre de la familia de su abuela paterna era Urfé, y más de unos cuantos Urfé han sido músicos pioneros cubanos. Su tocayo, el pintor Roberto Diago, era el padre de su padre. "Murió muy joven, a los 35 años, en España, pero tuvo un impacto profundo en las artes visuales," explica Diago. "Entró en un territorio visual inexplorado y dejó su marca. Y de una forma u otra esto tuvo un impacto en mí."

Diago, 37, prefiere asuntos temáticos duros y materiales ordinarios. La esclavitud es un tema al que vuelve una y otra vez. Crea sus cuadros e instalaciones conceptuales con cosas que encuentra por su barrio – trozos de madera, botellas de plástico, metal oxidado. Algunos teóricos utilizan la palabra "cimarronaje" para describir su obra, estableciendo un paralelo entre los actos de "resistencia cultural" de Diago y las rebeliones de esclavos de los siglos XVIII y XIX en las Américas.

"Me interesan temas universales como la esclavitud, pero no de una forma fría e indiferente," explica Diago. "Traigo el tema desde el pasado y lo expongo para que la gente de hoy lo vea. Aquí en Cuba se ven muchos grandes carteles que hacen propaganda de la unidad y la solidaridad para el bien común. Creo que esto está muy bien, y me dije mí mismo que yo también podría hacer propaganda por las cosas que siento. Por lo tanto desarrollé un tipo de estilo de graffiti, intentando ser más y más conciso, escribiendo cosas como 'amaros los unos a los otros, besaros,' y reciclando cosas que encuentro en la calle."

Las fascinantes yuxtaposiciones de texto e imágenes han provocado comparaciones con pintores estadounidenses como Jean-Michel Basquiat y Ed Ruscha, ambos de los cuales son citados por Diago como influencias junto con pintores cubanos como Antonio Gattorno y Wilfredo Lam. Pero él dice que aún le influyó más la penuria económica confrontada por los artistas y otros cubanos a principios de la década de 1990. En contraste con el movimiento del "Arte Povera" italiano que había empezado hacia tres décadas, los artistas cubanos de la década de 1990 estaban más condicionados por la necesidad que por la preferencia artística. "No teníamos los materiales necesarios para pintar como nos habían enseñado en la escuela," recuerda Diago, "por lo tanto teníamos que adaptar nuestro arte a lo que podríamos encontrar. Ahora puedo permitirme comprar papel de buena calidad y pintura al óleo, pero eso ya no me interesa. El peso simbólico de mis materiales se ha convertido en una característica de mi obra." 

"En mi obra hay símbolos que se repiten," añade Diago, "y en este sentido es un poco como el jazz. Es cómo andar lentamente, paso a paso, a través de la maleza."

El punto inicial de gran parte de la obra de Diago es la biblioteca que hay en el piso de arriba de su casa. En la mesa rodeada de estanterías llenas de libros raros hay una colección de documentos relacionados con la esclavitud del siglo XIX – carnets de identidad, registros de población — que está planeando utilizar como material para una próxima exposición.

En la planta baja, a ambos lados del vestíbulo que sirve como entrada principal a su hogar, un espacio de exposición "'público" sirve para presentar una variada muestra del arte de Diago. Una instalación llamada "La Ciudad Insumergible " consiste en casitas de polistireno que flotan en cubos llenos de agua. Cuando se le pregunta sobre su exploración de diferentes medios, Diago dice: "Ya sé que en mi obra hay contradicciones. Dibujo desde que era pequeño, me encanta dibujar, dibujo cada mañana y no tengo ninguna razón para dejar de hacerlo. Pero también me gusta trabajar con sonido, explorar diferentes usos del espacio. No me importa si soy o moderno no lo soy. Puedo dibujar o pintar una acuarela en un estilo más clásico, o puedo hacer una instalación con mis cajas de luz o con botellas de plástico vacías – para mí, lo más importante es lograr el resultado que quiero."