Jose Manuel Fors
Artista plástico

Sus obras se han expuesto en Madrid, Milán, Bruselas, París, Tokio, Río de Janeiro, Nueva York, Miami, Baltimore, Los Angeles, Toronto y muchos otros lugares, pero José Manuel Fors suele encontrar todo lo que necesita para crear su arte aquí: no solo en La Habana, su ciudad natal, sino entre las paredes de su propia casa.
Fors vive en una tranquila zona residencial en Casino Deportivo, el barrio de La Habana que debe su nombre a un club social previo a la Revolución que era conocido por aceptar a miembros rechazados por otros clubes de más alta clase social. «Llevo mucho tiempo viviendo en esta casa», afirma Fors. «Antes, vivía en una casa similar del mismo barrio. Este es uno de los lugares más tranquilos de toda La Habana. Puede escucharse un gran silencio. No hay tanto tráfico ni tantas conversaciones. El silencio es muy importante para mí. Casi siempre estoy escuchando música, pero la apago cuando me pongo a trabajar».
A Fors se le conoce en general como fotógrafo, pero esta descripción puede llevar a error. Utiliza la fotografía como medio de apoyo del mismo modo que un pintor o un escultor utiliza una primera capa de yeso como primer paso antes de iniciar el acto creativo. Además, en ocasiones Fors no utiliza nada la fotografía. La pared situada frente a su cocina es una obra de arte circular, casi una escultura, formada por cientos de pequeños utensilios domésticos de la vida cotidiana (tenedores, piezas de máquinas, hojas de unas tijeras, botones, el mango de un peine...). «La imagen se convierte en un yacimiento arqueológico», explica. «La imagen obtiene valor a partir de la función que estos objetos tuvieron en otro momento».
Fors nació en La Habana en 1956 y estudió pintura y museografía en la Academia de Arte de San Alejandro. «Al final no pinté mucho», recuerda. «Era un pintor abstracto y realmente nunca llegué a dominar la técnica del dibujo». Mi trabajo se volvía mucho más rico cuando utilizaba otros materiales o si trabajaba en tres dimensiones. Mi padre tenía, como afición, un cuarto oscuro en casa. Era agrónomo, pero le gustaba la fotografía. A mi familia siempre le ha gustado la fotografía, especialmente a mi abuelo, y creo que la probé porque es algo que siempre ha estado cerca de mí. En aquellos tiempos (en la Cuba de primeros de los 1980), la fotografía no se consideraba como un arte. A veces, la gente me decía que debería pintar, ya que las pinturas sí que se venden, pero eso no era lo mío. «En cambio, la fotografía sí que era algo a lo que podía dedicarme».
En una mesa de su cuarto de estar vemos una pila de libros de arte. Entre las distintas obras encontramos un catálogo de Shifting Tides: Cuban Photography after the Revolution (fotografía cubana tras la Revolución), la influyente exposición que llevó a Fors al County Museum of Art de Los Angeles en 2001.
En la parte de atrás de su casa vemos un pequeño cuarto oscuro tradicional: ampliadora, papel fotográfico, bandejas de revelado... En las mesas de trabajo se encuentran esparcidos varios recortes fotográficos reunidos en distintos tipos de collages. «No utilizo la misma perspectiva que un fotógrafo», destaca Fors en cierto modo innecesariamente. «No me preocupo demasiado por conseguir la exposición y la distancia focal adecuadas. No soy un reportero».
Raramente sale de casa con una cámara y nunca se la lleva de viaje. Compara su forma de trabajar con la de un pintor. «Un pintor se aísla en su estudio y crea todo lo que le viene a la mente». Lo que le viene a la mente a Fors es «una especie de memoria familiar», explica. «Empecé apropiándome de las fotos de mi familia». Hizo esto en la exposición de 1982 dedicada a explorar los vínculos entre el arte y la ciencia en el Museo Nacional de Bellas Artes de Cuba, donde Fors trabajó como museógrafo durante 10 años. «Tomé una imagen de la cara de mi abuelo y utilicé muchos de sus documentos». Su abuelo, Alberto José Fors, fue el hombre que llevó la silvicultura moderna a Cuba. «Al final, terminé utilizando a toda mi familia».
¿Cómo explica el paso de gestionar un museo a crear arte que se albergaría allí? «Me cansé», explica, «me cansé de trabajar muchas horas, del salario, de todo. Llegó un momento en el que dije: vale, tengo que arriesgarme y hacer mi propio trabajo. Al final, mereció la pena. Conseguí convertirme en artista y vivir de ello. Hay momentos mejores y peores, pero no tengo que desplazarme hasta el trabajo, ya que trabajo aquí, en mi casa».
Cuando todavía estaba estudiando, se interesó por los pintores españoles Antoni Tàpies y Manolo Millares. Posteriormente, comenzó a gustarle el enfoque de bolsa de sorpresas del Arte Povera (voz italiana para arte pobre): el arte de una persona es la basura de otra, a menudo literalmente. De vez en cuando sale fuera a buscar materiales específicos. Una vez, para un trabajo que estaba realizando mientras se encontraba en París, buscó por todas partes una pieza de ropa sucia, pero no fue capaz de encontrar ninguna. Al final lo arregló ensuciando ropa que estaba limpia. «En eso es en lo que realmente se diferencia La Habana», explica. «Aquí no hay problema para encontrar ropa sucia».