Havana Cultura Sessions: Danay Suárez (2010)
Serie de discos supervisada por Gilles Peterson

Gilles llevaba ya más de cinco horas grabando en los legendarios estudios EGREM codo con codo con el núcleo principal de su proyecto Havana Cultura: el coproductor y pianista Roberto Fonseca, su banda de tres miembros… y nuestra protagonista del día, la cantante Danay. Cinco días llevaban ya acudiendo al estudio para ensayar la próxima gira por Europa, y todo había transcurrido a un ritmo frenético e intenso pero muy divertido. Entonces el enorme espacio fue transformado: el estudio estaba dividido ahora con particiones, a la vez que, para apaciguar el ambiente, el olor a incienso invadía el aire creando una atmósfera íntima, perfecta para las sesiones acústicas del EP de cuatro pistas de Danay.

Ese último día en La Habana fue lo mejor de la semana para Gilles, que reconoce sin rodeos que fue un viejo sueño hecho realidad: presentar a Danay como solista cantando una fusión de jazz, soul, R'n B y hiphop afrocubano. No intentaba ocultar su admiración: la calificó de "fenómeno" y como "la cantante más increíble que he oído y con la que he trabajado en estos últimos cinco años." Todo un elogio, sobre todo si viene de alguien que ha grabado con infinidad de chicas de Brasil y el Reino Unido.

El plan de Gilles podía sonar algo fantasioso, demasiado arriesgado incluso, pero después de cinco días de escuchar a Danay cantando rumbas afrocubanas, radiantes guajiras y desgarrados boleros, todas sus dudas se esfumaron. Ahora ella, dentro de la cabina, le cantaba a uno de esos micrófonos de los años 50 como con forma de langosta. Los ojos cerrados y perdida en un ensueño, la magia estaba suspendida en el aire: era la presencia de tantos fabulosos cantantes cubanos que habían grabado allí alguna vez. Pero físicamente estaba sola, con Fonesca tocando al otro extremo del estudio, a veces arrastrado hacia su voz y a veces marcándole nuevas rutas, deslizándose por fugaces improvisaciones en una conexión rítmica con los músicos. Fonseca, después de llevar una semana coproduciendo y supervisando todo el proyecto con Gilles, se sentía implicado desde lo más profundo, como todos los demás músicos, en la creación de un sonido que reúne las tradiciones musicales afrocubanas con un fuerte componente espiritual.

Lo primero que sorprende de Danay es cómo conoce y explora su voz. A pesar de sus veintipocos años, suena con la madurez de las cantantes que le doblan la edad. Gilles la compara con Jill Scott, y en momentos de entusiasmo, con una joven Billie Holiday. Su madre le decía que había nacido para cantar. Afirma que sus estudios los adquirió en la calle, y que en su adolescencia se enganchó al mundo del hip hop y se unió a Aldo Rodríguez, el 50% de lo que sería el fabuloso dúo de hip hop Los Aldeanos. A continuación inició su andadura con la estrella del jazz/rock X Alfonso. "El rap se convirtió en mi modo de vida," dice Danay, "pero puedo pasar de rapear a cantar y de nuevo a rapear sin ningún problema."

Y es cierto. Su formación clásica y su voz de soprano le permiten cantar en tonos muy altos y variados, y es capaz de añadir matices que suenan como reflejos de una lluvia de verano. Es una de esas voces excepcionales que muta entre diversas identidades sonoras con agilidad vocálica: desde el soul o el R'n B hasta el expresionismo jazz, las chanteuses parisinas o el puro instinto improvisador, los cantantes scat o los grandes del bebop. Estas dos últimas cualidades la convierten en una hábil rapera: sus letras fluyen con agilidad, se combinan con las melodías y se acompasan al ritmo, pero siempre dejando espacio para el énfasis de lo emocional. Para suerte de Gilles, Danay siempre quiso ser cantante de jazz.

"Hay un lugar" se construye a partir de la lentitud, el romanticismo y la reflexión hacia la pasión y el ardor, y es una gran muestra de la variedad expresiva de la voz de Danay y del prodigioso lado romántico de Fonseca. Los dos consiguen aprovechar el espacio sonoro de modo conjunto y brillante. Las cadencias vocales de Danay dejan paso a un torrente de pasión clásica que vuelve a decaer en sordas llamaradas de un talento para el jazz entreverado de soul. 

"En lo profundo", uno de los temas preferidos de Fonseca tanto en el escenario como en el estudio de grabación, es una rumba de ritmo vigoroso y de sorprendente textura, un festival para la voz y las percusiones que gira alrededor de un repetitivo, casi hipnótico fraseo de piano. Un ritmo cruzado de corrientes salvajes sirven de fondo para los alaridos instrumentales que Fonseca les dirige a los dioses, mientras Danay consigue texturas nuevas, cada vez más profundas, canta palabras fragmentadas y se eleva indescriptiblemente, no se sabe si como una cantante de soul o como un chamán. "Es puro R'n B," nos confía Gilles.

"Guajira" se acoge a los cánones y es la canción más familiar y lírica del disco, según el estilo del país tan querido por los amantes de Buena Vista Social Club, y que ahora se construye alrededor de un riff clásico de Fonseca. Pasa de un jazz latino suave a la salsa, y con los timbales de Ramsés Rodríguez resonando vigorosos por todo el tema, sugiere inmediatamente que se baile. Y aquí, de nuevo, Fonseca responde al tierno canto de Danay, como a una novia.

En "Ser o no Ser", la pieza más sofisticada del disco, todos los músicos de la banda tienen su momento de gloria. A partir de su título repetitivo, el piano de Fonseca brilla con emoción, dejándose llevar. Se trata de un tema complejo y casi conceptual, acompañado de laberínticos solos que lucen el lirismo de cada instrumento y hacen que Danay use todo su repertorio vocal. Cuando Fonseca anuncia el conocido estribillo de la instrumental "Duerme negrita" en su album de 2009 "Akokan," Danay lo recoge, susurrando "Duerme negrita" en la nana que la gran Celia Cruz hizo famosa. Llega casi a dormir al espectador, nos deja en trance y cuando el niño va durmiéndose, se funde en un ensueño. Después de esa última canción, una joya que dura veintiún minutos, el grupo está ahora sentado en silencio en la sala de control del estudio. Entonces Gilles susurra: "Así se queda".

Y así se quedó. Transcurre una hora y Danay va de vuelta a casa en el autobús, mientras Roberto conduce su pequeño Fiat y Gilles se dirige al aeropuerto en taxi. Su sueño se ha hecho realidad. Envía un tweet: "Acabamos de grabar el album de Danay en los estudios Egrem de La Habana. Memorable ese jazz cubano, no olvidaré esto en mi vida."

Sue Steward, octubre de 2010, Inglaterra.