Giselle Monzón
Diseñadora gráfica

Cuba es probablemente el único país en el mundo donde las películas, obras de teatro, conciertos, mesas redondas y exposiciones de arte todavía se dan a conocer a través de carteles conceptuales impresos mediante serigrafía individualmente, color por color, en talleres tradicionales. Y si estás vagamente familiarizado con la vibrante escena de artes gráficas de la isla, probablemente habrás oído hablar de Giselle Monzón, uno de los exponentes más activos de la nueva generación de diseñadores de Cuba.

No dejes que la naturaleza sin pretensiones y muy accesible de esta joven voluble te engañe: Los carteles de Giselle revelan un toque impresionante en busca de las asociaciones más inteligentes entre objetos a fin de sintetizar una idea y una sofisticación extraordinaria de pensamiento. "Cuando me encargan un nuevo diseño, comienzo a pensar en las palabras que se relacionan con el tema, que son indicativas del mismo. Cuando tienes una idea del universo que rodea al concepto, empiezas a buscar las conexiones — conexiones formales — y a vincular los diferentes elementos."

La mayor parte de la obra de Giselle se relaciona con eventos culturales y ha sido encargada por organismos como el Instituto de las Artes Cinematográficas y de Industrias (ICAIC) o el Centro para el Desarrollo de las Artes Visuales. "Los clientes tienen un enfoque que te da más libertad como diseñador, y esto te convierte en un artista. Así que es enriquecedor y más fácil trabajar en este entorno." Esto, sin embargo, no significa que se burle del diseño gráfico aplicado a fines comerciales: "Algunas personas podrían considerar que es frívolo, pero creo que también es interesante. Y en Cuba casi no hacemos diseño gráfico para publicidad."

Giselle está bien conectada con diseñadores gráficos en otras partes del mundo y recibe invitaciones regularmente para asistir a conferencias y festivales en el extranjero. Su amistad con la diseñadora franco-alemana, Nathalie Seisser, dio paso a uno de los proyectos más ambiciosos para la difusión de los carteles cubanos de las últimas décadas. En 2012, las dos diseñadoras coordinaron un número especial de Slanted — una prestigiosa revista sobre tipografía y diseño gráfico publicada en Alemania para un público a nivel mundial — dedicada al diseño gráfico, la tipografía y el arte contemporáneo en Cuba. "Se agotó muy rápidamente. Nos quedamos muy contentos y sorprendidos", dice ella.

Cuando se le preguntó acerca de la singularidad del arte del cartel cubano que enciende la imaginación de los entusiastas del diseño en todo el mundo, explica: "Creo que los cubanos tienen una visión del color que es ligeramente diferente. El sol golpea con tanta fuerza en este país que los colores y los matices se ven alterados. Así que uno se acostumbra a ver la vida de esa manera, con rojos intensos, verdes y amarillos, y lo representamos en la forma en que trabajamos: los colores son más saturados que los carteles que se realizan en Europa, por ejemplo, en los que las armonías tienden a ser más grises, más apagadas."

La mejora de las condiciones económicas facilitará el trabajo de los diseñadores cubanos, actualmente restringido por la escasez de materiales básicos: "Quiero que tengamos las mismas opciones, la misma gama de colores, formatos de impresión, papel, como al imprimir un libro o un catálogo. Estoy convencida de que si tuviéramos la posibilidad de elegir, el resultado sería muchas veces mejor." Sin embargo, la preservación de las características que definen el cartel cubano como lo conocemos también podría llegar a ser un desafío: "Me encantaría mantener la reproducción serigráfica y el estilo conceptual y metafórico, pero me doy cuenta de que será difícil, ya que no es rentable o eficiente. Esto es algo que realmente lamento, pero todavía espero que podamos mantener de alguna manera esta tradición."