Edrey Riveri (Ogguere)
Artista de hip hop

"Fusión" es un término que aparece una y otra vez cuando nos sentamos con Edrey Riveri (alias Ogguere) para hablar de su trabajo. Y, de hecho, lo que más llama la atención al escuchar una de sus canciones es la densidad de su sonido. "Para mí es importante mantener mis ritmos cubanos, especialmente como base, e incorporar el funk, el jazz, el rap, el rock. Eso es lo que es Ogguere, por decirlo llanamente”.

Edrey tuvo la increíble oportunidad de crecer en el barrio de Santos Suárez de La Habana, un centro neurálgico de la cultura urbana. Desde fiestas en la calle hasta concursos de break dancing y antenas clandestinas plantadas en los tejados para interceptar las estaciones de radio de Miami, Edrey recuerda afectuosamente los vertiginosos días de mediados de los noventa, cuando el hip hop cubano se iba abriendo paso. 

"Escuchaba a Notorious B.I.G., Tupac..., todos los grandes de esa época, y todo ello tenía una profundidad musical para mí. Había dos niveles: el rap más comercial y también la música más conceptual, inspirada en el jazz y fusionada con el rap", reflexiona. "No entendía la mayor parte de lo que decían las canciones, pero lo que sí conseguí atrapar fue el flow de las rimas. No entendía, pero sentía la vibración. La vibración la tenía clara y me gustaba."

Y luego había un vecino muy especial llamado Pablo Herrera, con quien Edrey intercambiaba cintas de casete. Hoy en día, Herrera reconocido como uno de los principales impulsores del fenómeno Habana Norte y uno de los grandes productores de rap en Cuba. En la casa de Pablo, Edrey intercambiaba ideas con Amenaza —la banda que más tarde se convertiría Orishas—, así como con otros aclamados artistas de hip hop como Doble Filo y Obsesión. 

El propio Edrey formó un proyecto con Ulises Quiñones llamado Cien Por Ciento original (que más tarde pasó a llamarse Ogguere) y apareció en un recopilatorio de un productor estadounidense intrigado por la incipiente escena del rap de Cuba. "Lo que quería hacer era fusionar la música cubana. En aquel entonces, muchos grupos rapeaban sobre backgrounds estadounidenses. No pude escapar de eso, pero echaba de menos mi música cubana", dice Edrey. Para madurar su propio estilo, comenzó a trabajar con músicos en vivo y, en 2001, Cien Por Ciento Original grabó Chacuba con la célebre Orquesta Aragón, fusionando rap con chachachá. 

Un hito importante en la carrera de Ogguere fue el lanzamiento de un primer álbum, Llena de amor el mambo, que ganó Cubadisco, el premio musical más prestigioso de la isla, en 2008. Una de las canciones, "¡Como está el yogur!", se convirtió en algo así como un himno popular en Cuba y Alexandre Arrechea, uno de los artistas  visuales de mayor reconocimiento internacional de la isla, dirigió el videoclip. 

En aquel momento, se podía decir que Ogguere volaba alto: En 2009, fue incluido en el selecto cartel de conciertos de La Habana por la Paz que atrajo a una multitud de 1,5 millones y se involucró en la serie de álbumes Havana Cultura producidos por el gurú de la música world y trotamundos Gilles Peterson. Las giras que siguieron a los álbumes Havana Cultura llevaron a Ogguere a América del Norte y a escenarios europeos. 

En 2010, Edrey se instaló en Canadá, donde prosigue su carrera en solitario y su ambición de romper las barreras entre géneros. Por un lado, grabó la canción "Voy a especular", con la sensación del Cubatón Gente de Zona. En 2012, Edrey lanzó su segundo álbum, Solar, de forma independiente. El año siguiente, actuó en el Koener Hall de Toronto junto a Heavyweight  Brass Band y Giovanni Hidalgo y compartió escenario con Telmary en el festival Lulaworld. Recientemente ha iniciado un nuevo proyecto musical con su colega cubano Dayramir González llamado Soul Rebels afrocubanos y lo lanzó con un concierto en la ciudad de Nueva York. 

Antes de despedirnos, Edrey nos muestra el Parque Policía, la pista donde solía hacer breakdance cuando era adolescente. Resulta que la zona ha sido tomada por muralistas y escultores, y están trabajando duro con los vecinos para construir un centro de arte comunitario. Algunos de ellos reconocen a Edrey y no se hacen de rogar a la hora de organizar un coro callejero, de edades entre los 20 y los 80, que acompaña a nuestro entrevistado en una actuación improvisada de “¡Donde está el yogurt!”.