Duvier del Dago
Artista plástico

Duvier del Dago Fernández es suficientemente joven como para soñar y suficientemente talentoso como para transformar sus sueños en visiones artísticas perdurables. Es uno de los artistas jóvenes más conocidos de Cuba. Ha participado en dos exposiciones Bienales de arte de la Habana, la primera (en 2000) mientras todavía estaba en la universidad. Típicamente, su trabajo examina lo inalcanzable con precisión y sin pestañear. Su exposición "Niña de plástico" celebrada en 2007 en Madrid estaba centrada en Barbie (la mujer inalcanzable). En "El extraño caso del espectador ideal" (2006), un holograma de un marco de alambre parece ser un marcador de posición para una persona real, quizás un personaje histórico, quizás el artista mismo. Su "Proyecto Bungalow" para la Bienal de la Habana 2006 trataba del sueño de vivir en la casa ideal. En "Castillos en el aire" (2004), cámaras y teléfonos móviles se sostienen en el aire justo fuera del alcance del espectador.

Duvier Del Dago nació en Zulueta, en la provincia cubana central de Villa Clara, en 1976. Fue dibujando por tanto tiempo que ni siquiera recuerda cuando empezó, y ganó premios mucho antes de asistir a la escuela de arte de Trinidad (Cuba) y al prestigioso Instituto Superior del Arte (ISA) de la Habana. En el ISA, Duvier fue discípulo de René Francisco Rodríguez, uno de los artistas contemporáneos más exitosos de Cuba y un famoso instigador del comportamiento artístico. "Nos abrió las puertas de su casa," recuerda Duvier. "Su casa se convirtió en nuestro estudio." Uno de los proyectos favoritos de René Francisco es la Galería DUPP, en la que él y sus estudiantes experimentan con formas de mostrar sus obras de arte colectivas no sólo más allá de las aulas sino también más allá de las galerías y los museos.

Duvier participó en el proyecto Galería DUPP que fue la comidilla de la Bienal de la Habana 2000. Titulado "One, Two, Three, Testing...," la obra fue instalada en El Morro, una fortaleza del siglo XVI, que domina el puerto de La Habana. Los lúgubres corredores del castillo fueron cubiertos con pinturas sobre láminas de plástico. Afuera, en los parapetos, había docenas de micrófonos gigantes de hierro forjado, algunos encarados hacia fuera como si intentaran comunicar con el mundo, algunos de espaldas al mar como si intentaran razonar con los cañones de la fortaleza. La obra fue galardonada con el premio UNESCO 2000 para la Promoción de las Artes.

Después Duvier fue a trabajar con otro artista, Omar Moreno. Trabajaron juntos durante tres años bajo el nombre colectivo Omarito & Duvier, y expusieron en Cuba y el extranjero. Sin embargo, para 2001-2002, su asociación había alcanzado el punto de ruptura. "Fue realmente duro cuando nos separamos," dice Duvier. "Él dejó de hacer arte completamente mientras que yo continúe, pero fue como empezar de nuevo a partir de cero. Todo el mundo me conocía como parte de un dúo."

Duvier empezó a dibujar sobre nylon semitransparente. Dice que quería que sus modelos parecieran personajes de comic, que parecieran lo más "reales" posibles. La transparencia del material de soporte le proporcionó la cualidad palpable que está buscando, pero no era suficiente. Pasó a construir maquetas tridimensionales de sus dibujos, y después realizó algunas animaciones básicas. Dio a algunos de estos personajes su propia historia. Uno de ellos fue "El Reproductor" (2001), que hablaba en primera persona sobre la pérdida del original. El Reproductor era un personaje híbrido con una cola de sirena y gorra de policía.

A pesar de su enfoque multidisciplinario, Duvier siempre ha querido estar cerca de su pluma de dibujo. "El acto de dibujar es muy importante para mí," dice. "No está supeditado ni a la escultura ni a la pintura ni a nada. Tiene su propia vida. Con el dibujo puedo hacer todo lo que quiero. Es mi mejor forma de comunicación."

Muchos de sus dibujos empiezan en su pequeño estudio situado en el piso superior de un edificio de Habana Vieja. El lugar tiene el ambiente abarrotado de un dormitorio de estudiantes – una diana de dardos en el cuarto de baño, una calavera de plástico y chucherías de ciencia ficción en la estantería de libros. Él vive en otra parte de la ciudad, Vedado, con Claudia Fallalero, su novia. Su hija, Salomé, nació en 2006 mientras Duvier estaba ajustando la iluminación y dando los toques finales a su instalación de la Bienal de la Habana.

Al principio, a Duvier le costó mucho para que le permitieran transformar sus dibujos en instalaciones. En 2004 había tenido la idea de crear un holograma de un coche deportivo utilizando hilo, ganchos y paneles de madera. "La gente decía, `¿Quiénes usar hilo? ¿Cómo piensas hacerlo?!'" Finalmente este trabajo se convirtió en parte de su serie "Castillos en el aire", expuesta en La Habana y en Londres. Después de esto, las puertas de las galerías se le abrieron y le fue más fácil explicar sus ideas.

Las piezas de Duvier hechas con hilo se tejen in situ. Realizar una de estas instalaciones le lleva alrededor de cuatro días. Utiliza a un asistente para la primera fase – la instalación de los paneles y líneas de guía. Pero después coloca el resto del hilo él mismo. "Me preguntan por qué no hago estructuras metálicas, no utilizo un material más duradero. Pero el carácter efímero de mis piezas es importante, muy importante. Es como si estuviera tejiendo mis propios sueños."