Douglas Perez
Douglas Pérez
Pintor

Douglas Pérez es un pintor de trazo preciso que demuestra una maestría del medio aparentemente natural. Él, sin embargo, se apresura a corregir esta impresión: "La verdad es que pintar, en mi caso, requiere mucho, mucho esfuerzo. Es un acto casi agonizante; me desgasta físicamente. A veces cuando acabo el día es como si hubiese estado cargando sacos de arena o de cemento; estoy sudando". En muchos casos, los temas de su obra son por lo menos tan dolorosos como el proceso de producción. "Ecosistema" es un políptico dividido en cinco secciones con medidas de 130 x 150 cm cada una. Es a la vez largo y muy detallado: una obra de arte que no puede ser aprehendida de una sola vez, puesto que a distancia los detalles son imperceptibles y, desde cerca, no se puede ver el cuadro en su totalidad.

Esta obra que recuerda a un fresco representa figuras liliputienses montando en bicicleta y caminando a lo largo de la espina dorsal del esqueleto de un cocodrilo. El esqueleto abre su mandíbula para saludar a un gusano primorosamente representado. A su vez, las secciones del gusano toman la forma de individuos de raza negra que yacen desnudos. Por sus cuerpos, muchos de ellos estampados con logos (Chanel, Louis Vuitton…), se pasean sonrientes y diminutos banqueros caricaturescos en polainas de cuero negro y sombreros de copa cargando costales de dinero. No hay una emoción explícita en este óleo: los cuerpos esclavizados no se retuercen ni emiten chillidos. Estos son hechos simples, parece decir el cuadro, dejando que las emociones más fuertes surjan del espectador una vez que los pequeños cuerpos saltan a la vista.

"Ecosistema" fue parte de la exhibición Queloides, un proyecto grupal que surgió en La Habana en 1997 y que se focalizaba en las cicatrices relacionadas con la raza patentes en la sociedad cubana. (Un queloide es una reacción desfiguradora y permanente a una herida que se da con mayor frecuencia entre las personas de origen africano.)

En otra obra pintada por Pérez con apenas 24 años, "Antropofagia del falalismo geográfico", representó con gran cuidado— por medio de óleos y en el estilo de las grandes narrativas históricas como la "Balsa de la Medusa" de Géricault—un esclavo negro atado bocabajo en una escalera mientras recibe latigazos. El esclavo, prácticamente desnudo, guarda un estrecho parecido con el pintor e incluso aprieta un puñado de pinceles. Los dioses africanos Ogun y Shango flotan a su lado al tiempo que él, ensangrentado y exhausto, exhala una nube azul de sudor con la forma de la isla de Cuba.

Aun así, la comunicación que Pérez entabla en sus óleos es marcadamente narrativa y basada en sus raíces; no tanto figurativa como una suerte de realismo mágico. "Creo que el aspecto narrativo del arte ha sido apenas esbozado en nuestras artes visuales, y eso es muy importante para intensificar la narratividad—concede—. Creo que un país como este es rico en anécdotas que expresan cultura y valores, y la forma en que podemos mantener esa cultura y esos valores en una dinámica constante puede pasar por el arte y la pintura. El contraste me atrae y Cuba es un país lleno de contrastes y de contradicciones. Remover esas contradicciones de una forma que puede llegar a ser crítica y a veces reflexiva es una de las razones por las que me interesa el arte".

Pérez continúa: "Es verdaderamente muy difícil en el mundo actual, que está lleno de elementos y fenómenos de mundos diferentes, romper las barreras de bulimia y aburrimiento que pueden llegar a crear. Muchos creen que la pintura está muerta, que pertenece al pasado, quizás precisamente por la enorme tradición que la sostiene. Pero yo no estoy de acuerdo. Creo que podemos rascar significados del lenguaje de la pintura y que podemos crear una plataforma de comunicación que sea tan dinámica y rica que ningún otro medio la pueda igualar".

Pérez pinta actualmente una serie de paisajes urbanos que bautizó "Pictopia" inspirándose en los pulp comics, en particular de la ciencia ficción de los años 50 con su visión un tanto ingenua del progreso científico. Sus cuadros son visiones de La Habana del futuro, parodias o visiones triunfalistas de una "supersociedad" perfecta a la que se le imponen errores intencionales—manchas de pintura repugnante—que sugieren la probabilidad de catástrofe y decadencia