Dionisio Abad Jarrosay Ruiz
Pintor & Diseñador de moda

En La Habana, por donde quiera que se pasee, siempre va a encontrarse con un espectáculo callejero de una u otra clase: un guitarrista en el Malecón, tres percusionistas con tambores batá en la Plaza de Armas, un grupo de chavales que intentan imitar los movimientos del hip-hop en el Paseo del Prado… Es mucho menos probable que uno se tropiece con un desfile de moda, como el que hoy tiene lugar en una calle residencial normalmente tranquila del vecindario de Los Pocitos.

Aquí, la intromisión de los motoristas que pasan no es un problema. La visión de dos modelos muy altas y muy bonitas que caminan con garbo por el centro de la calle basta para detener el tráfico. Cada vestido o top que lucen parece inventar una forma nueva y elegante de insinuar el cuerpo que engalanan. Los tejidos no dejan de sorprender. Un vestido cortado a partir de dos trozos de lienzo unidos entre sí por anillas metálicas sería una propuesta elegante y decididamente sexy en cualquier cóctel de Londres o club nocturno de Tokio.

Los vecinos se mantienen a una distancia cortés y sólo de cuando en cuando se asoman a las entradas de las casas o miran desde detrás de las ventanas. Tal vez es una muestra de respeto por Dionisio Abad Jarrosay, el diseñador de moda dotado de múltiples talentos cuyo hogar es su taller de costura y cuya calle, al menos por esta tarde, es una pasarela en la que se exhiben sus creaciones. Si éstas parecen haber salido de las páginas de una novela gráfica como las que se pueden encontrar en las estanterías de París y de Milán, no es por casualidad.

Dionisio, de 30 años, es un ilustrador consumado y algunos de sus diseños se han inspirado en los personajes femeninos que inventó para relatos de ciencia-ficción. La moda no era una alternativa profesional obvia en su caso. Como su padre, empezó estudiando arte en la prestigiosa Academia Nacional de Bellas Artes San Alejandro de La Habana, a la que regreso posteriormente, cuando se convirtió en pintor de éxito. La moda surgió en su camino como una forma de dar vida a su arte.

Aunque es posible que esta evolución provocara cierta consternación en los círculos académicos (Dionisio sigue dando clases de pintura tres días por semana), el diseñador contó con la total aprobación de su novia y musa, Yanelis. Ella aparece a menudo en las pinturas y los dibujos que Dionisio sigue creando con el fervor de antaño y es su consejera y modelo en las pruebas y los desfiles.

En cierto momento, Dionisio tiene que volver apresuradamente a su casa/estudio para buscar un par de pendientes de plumas para Jany, la otra modelo que acompaña a Yanelis en este espectáculo callejero improvisado. No tarda mucho tiempo en encontrarlos en el apartamento de una habitación, cuyas paredes están decoradas con bocetos de Dionisio y con un par de espléndidos retratos al carboncillo realizados por su padre. Los pendientes de plumas están en una caja de zapatos debajo de una mesa de costura cubierta de polvo y las plumas proceden de un gallo que vivía en la casa y que sacrificaron para celebrar el nacimiento del sobrino de Dionisio.

Dionisio no es una persona que se queje de la escasez de materiales o de la dificultad de crear una colección de moda completa prácticamente con sus propios medios. Está preparado para hacer lo que sea necesario con tal de convertir en realidad las ideas que tiene en la cabeza. Y parece que eso basta para impulsarle a avanzar con paso firme.