Danay Suárez 
Rapera y cantante de jazz

Danay Suárez Fernández es una cantante más de rap que de rythm&blues, aunque tiene mucho menos en común con Lil'Kim que con, digamos, Erykah Badu o Jill Scott. Puede rapear de forma convincente sobre la difícil situación de las hermanas y los defectos de los hermanos sin usar una pose de gangsta, y su voz es invariablemente preciosa. Hablando sobre «Espinita», una de las canciones que se pueden escuchar en YouTube, un fan de Danay la describe como «la representante del hip-hop consciente femenino en Cuba, con la voz más exquisita y las letras más inteligentes», y cualquiera que haya tenido la suerte de verla actuar en La Habana probablemente estará de acuerdo.

«Nunca he dicho que sea una rapera», señala Danay. «Puedo rapear y cantar, pero lo que de verdad me gustaría es ser una cantante de jazz, para desarrollar ese estilo. No lo he hecho porque no tengo las habilidades musicales, pero las tendré algún día. Lo llevo dentro de mí».

Danay, de 24 años, nació en el distrito de Cerro de La Habana. Cuando sus padres se separaron, ella se mudó con su madre a Santa Fe, a las afueras de la ciudad. «En nuestro edificio de Cerro teníamos que subir corriendo las escaleras antes de que nos cayesen trozos de techo sobre la cabeza», recuerda. «Los pájaros construían sus nidos en los agujeros del techo. Era un lugar muy estropeado, pero fui feliz allí porque toda mi familia estaba junta. No quería marcharme, quería quedarme cerca de la civilización». Pero no sólo se adaptó a Santa Fe sino cada vez le va mejor allí. «Quiero mucho a este barrio», dice. «Ahora, cuando veo el ruido y la suciedad en [el centro de La Habana], deseo volver cuanto antes aquí, a la tranquilidad y la paz. Además, estoy más cerca del mar, algo importante para mí».

Danay vive con su hermana pequeña y su madre, cuyas obras de cerámica decoran el patio de fuera. Su tía Isabelle es la autora de la escultura que está encima de la casa: una taza de váter enorme pintada alegremente con motivos florales, que se puede ver desde kilómetros a la redonda.

Danay se pasa muchas horas en su habitación, escribiendo canciones en un viejo PC con un programa para componer música y un teclado MIDI. «Siempre he cantado pero nunca tuve la oportunidad de estudiar música», dice. «Estudié programación, que supongo que ha resultado útil para mí. En mi familia nadie es músico. No creo que ni siquiera sepan bailar».

Dice que empezó a rapear «por accidente», escribiendo sobre cosas que le importan, inventándose rimas. «Estaba segura de mí misma, segura de que tenía algo que decir y de que quería que la gente lo escuchase. Un rapper necesita ese tipo de confianza. Dije muchas tonterías y ahora intento controlar más lo que digo».

Con 15 años la invitaron a participar en un concierto en el Teatro Nacional de La Habana. «Tuve que cantar de espaldas al público de lo nerviosa que estaba», dice Danay. Siguió cantando en conciertos organizados por la Agencia Cubana de Rap, el organismo fundado por el gobierno que promueve el hip-hop en Cuba. Después empezó a trabajar con Aldo, una mitad del dúo de rap underground más famoso de Cuba, Los Aldeanos. Aldo ayudó a Danay a grabar y producir sus propias canciones («Libre», «Individual») y ella canta con él en algunas de sus canciones («La La La»).

Un día, allá por 2007, Danay juntó muchas de sus demos y fue a ver a la superestrella de la fusión cubana X Alfonso. «Era la única persona en Cuba que yo creía que entendería lo que quería hacer», explica. «No me lo pensé dos veces. Fui a su casa y le dije: "No me conoces, aquí está mi música, escúchala. Si necesitas una cantante para los coros, llámame". Unos días después me pidió que trabajase con él y no he dejado de hacerlo».

¿Qué tiene por delante? «Por supuesto, me encantaría tener un grupo de jazz», dice. «Me encantaría tener un estudio con ingenieros profesionales tras la mesa de mezclas. Pero hasta que eso ocurra, seguiré componiendo música en la calle, rapeando, incluso aunque no firme con una gran productora. Lo más importante es que la gente oiga mi música, que no es sólo sobre mi vida sino que también puede ser sobre las vidas de millones de cubanos. Eso es lo que hago».