Choco
Pintor y escultor

El suelo es de cemento y las paredes son altas y blancas, adornadas con grandes cuadros de pintura abiertamente figurativa en colores intensos y atrevidos. Eduardo Roca ("Choco") tiene de 63 años, si bien aparenta quince menos. Se trata de un hombre imponente de risa contagiosa. No parece importarle que su estudio, un espacio amplio en una calle bulliciosa de La Habana Vieja, sea ruidoso.

"El ruido es maravilloso— insiste—. Por lo general empiezo a trabajar aquí muy temprano por la mañana cuando todavía está tranquilo. Luego va aumentando. Los transeúntes me dicen cosas—algunas de ellas malas—, y entran al estudio y me abren nuevas posibilidades. A veces me desconcentran. Le puedo pedir a alguien que entre para que vea mi obra y así ver si le estoy engrandeciendo el espíritu. Las personas siempre han sido mis protagonistas".

Choco adquirió su sobrenombre hace algunos años por su parecido con Kid Chocolate, el legendario boxeador cubano de los años 30. "Firmo como Choco. A veces pienso que se me va a olvidar mi verdadero nombre, el de mi padre y mi madre".
Sus padres eran trabajadores agrícolas ordinarios. Choco nació en una pequeña aldea cerca de Santiago, en el sureste de la isla, que describe como "maravillosa, en las montañas, con gente increíble y los mejores carnavales. A veces vuelvo en la imaginación y eso hace que camine más erguido".

Choco destaca que en otro contexto, nunca hubiera sido artista. Formado en los 60 y 70, es graduado de la Escuela de Instructores de Arte y de la Escuela Nacional de Arte. Continuó sus estudios de postgrado en la Facultad de Artes y Letras de la Universidad de La Habana. "La Revolución me rescató. Me recogió a mí, un simple niño de campo, y me enseñó arte. La Revolución cubana tenía un proyecto maravilloso, una comprensión profunda de la importancia de la expresión artística".

Nos muestra su trabajo actual y nos presenta al equipo que lo asiste en sus impresiones y en la reciente producción de pequeñas esculturas de bronce. Choco domina la técnica conocida como colagrafía. "Es muy interesante, una técnica muy contemporánea que da mucha textura, muy pictórica, y cuando la encontré fue como deslizarme un anillo en el dedo; simplemente me servía— recuerda—. Me abría un espectro de posibilidades técnicas e intelectuales impresionante".

Una placa de colagrafía se hace de forma similar al papier-mâché: cortando y pegando papel y otras texturas— ratán, cartón, telas, arena, tierra...—. El resultado es una textura mágica que invita al tacto; también conviene a los temas más bien ásperos abordados por la obra de Choco. "Siempre he trabajado temas rurales: la agricultura, el trabajo en el campo, los hombre que cortan la caña de azúcar. Estos son mis orígenes y también mi experiencia porque como estudiantes íbamos a trabajar al campo— explica—. Mis temas han variado mucho, pero lo que es constante es que emanan de Cuba, del pueblo cubano, de la luz del día y de nuestra religión afro-cubana…Y en mi arte, ya sea a través del color o de la forma, intento expresar en dos o tres dimensiones algo que las personas han escondido detrás de sus puertas mucho tiempo: sus experiencias y cómo conjurar los malos espíritus".

Desde su primera exhibición individual en Santiago de Cuba en 1976, Choco ha sido el protagonista de muestras en Cuba, España, México, Colombia, Suecia, Japón, París, Londres y San Francisco. También ha participado en eventos grupales y exhibiciones bienales en España, Chile, Canadá, Vietnam, México, Puerto Rico, India Rusia, Dinamarca, Suecia, Polonia, Hungría, República Checa, Alemania, Italia y Estados Unidos.