Carlos Varela 
Cantautor

A Carlos Varela se le considera la voz de su generación de la misma forma que Bob Dylan fue la voz de la suya, lo que nos ayuda a entender por qué la prensa de habla inglesa a menudo se refiere a Varela como "el Bob Dylan cubano". Pero una vez que se reconoce que en ambos casos se trata de cantautores que cuentan con seguidores extremadamente leales que equiparan cada sonido que sale de sus bocas con el Evangelio, las similitudes se evaporan.

Dylan acabó por distanciarse del mundo del folk estadounidense, mientras que Varela siempre ha sido un orgulloso representante de la Nueva Trova, la escuela de folk autóctona de Cuba. Dylan alcanzó la fama vestido como un dandi. Varela, por su parte, vestía como un gnomo y cantaba sobre ello ("Soy un gnomo"). Mientras más espacio ocupaban las canciones de Dylan en las ondas radiofónicas norteamericanas, mayor era su afán en apartarse del ojo público. Cuanto más larga era la ausencia de la música de Varela de la radio cubana, mayor era su interés en conservar su notoriedad. Y así sucesivamente…

Carlos Varela empezó a hacer música literalmente en la oscuridad. Originario del distrito habanero de Vedado, tocaba la batería y cantaba con sus amigos del barrio durante los apagones. En el bachillerato, participaba en grupos de rock inspirado por los sonidos clandestinos que retumbaban desde el otro lado del mar—"los Beatles, Peter Frampton…"--, que captaba con una antena de fabricación casera.

Entonces, una noche de 1977, uno de sus tíos lo llevo a ver un concierto de Silvio Rodríguez y Pablo Milanés. Los dos abanderados de la primera corriente de Nueva Trova convencieron a Carlos Varela de que la música podía ser mucho más que un pasatiempo. "Experimenté una gran conexión con muchas de sus canciones," recuerda Varela. "Aunque era muy joven y no podía entender la sutileza de la letra, sentí electricidad".

Ya a los 15 años Varela había aprendido por sí mismo a tocar la guitarra y escribía sus primeras canciones. Empezó a tocar en pequeños locales de La Habana, pero complació a sus padres yendo a la universidad. Ahí obtuvo un diploma en actuación del Instituto Superior de Arte (ISA), aunque esto no lo apartó de la música por mucho tiempo. Así, formó un grupo de música con algunos amigos de la escuela de arte y pronto se perfiló como integrante de la nueva generación de estrellas de la Nueva Trova- a veces designada Novísima Trova- de los años 80.

La Nueva Trova se considera a menudo como música política. La primera corriente de los años 70 (Rodríguez, Milanés, Noel Nicola…) solía centrarse en temas como el colonialismo, el racismo, el machismo, así como en otras formas de injusticias, en línea con los pilares de la Revolución cubana.

El auge de la generación de cantautores de los años 80 y 90 (Varela, Geraldo Alfonso, Frank Delgado, Santiago Feliú, Pedro Luis Ferrer…) marcó un cambio de dirección. Las letras de las canciones expresaban una crítica social más afinada que a veces tomaba como punto de mira las políticas internas del Gobierno cubano. Sin embargo, muchas de estas canciones eran lo suficientemente ambiguas como para desviar las acusaciones de fomentar sentimientos antirrevolucionarios.

Varela insiste en que tanto en su caso como en el de sus compañeros, la poesía primaba sobre la política. "Hicimos una poesía muy vinculada a la realidad cubana de los años 80, 90 y 2000--- una poesía que era más urbana y crítica de esta realidad. Desde un punto de vista musical, estábamos influenciados por elementos del pop, rock y, por supuesto, de la música cubana [tradicional]".
 
A medida que Varela ganaba popularidad entre el público cubano en los años 80, sus canciones fueron a menudo consideradas demasiado controvertidas para sonar en la radio. Tampoco se le ofrecía contratos discográficos en Cuba. Sus perspectivas mejoraron cuando Silvio Rodríguez decidió apadrinarlo y lo llevó por una gira de España en 1986. Tres años más tarde, Varela grabó en Canarias su primer CD, Jalisco Park, con una pequeña disquera española.

"Guillermo Tell", el tercer tema de ese primer disco, se  convirtió en la canción más adorada de Varela al evocar la experiencia compartida de nacer cubano y el deseo insatisfecho que ello conlleva. "Guillermo Tell" también reveló la destreza de Varela con la alegoría. La canción reconstruye la leyenda de Guillermo Tell desde el punto de vista de un hijo que ya no aguanta tener que enfrentarse a las flechas de su padre, y que querría que fuese el padre quien sostuviera la manzana sobre su cabeza para variar. El público de Varela no tardó en descifrar la letra como un mensaje de la juventud cubana a los líderes del país.

Varela se topó con la dureza de la censura a lo largo de los años 80 y 90. En una situación en la que otros artistas hubiesen limitado sus creaciones o buscado refugio en otros lares, Varela halló inspiración en Cuba y nunca se instaló en el extranjero. También ha sido relativamente prolífico con ocho discos de canciones grabados en su repertorio. Así, Varela ha logrado entrar en esta década con el estatus de tesoro nacional cubano.

"En Cuba, los músicos y los artistas no van en limusina, eso no pasa," dice Varela con una sonrisa. "La gente se te acerca y siente que tiene derecho a decirte, `oye, no me gustó demasiado aquella canción, no me gustó lo que dijiste'. Y sientes que siempre tienes los pies sobre la tierra. Eso te ayuda mucho a crecer, a mejorar y a sentir que perteneces a algo. Tu trabajo te ayuda a conocer un poco mejor a la gente".

Para entender lo que Carlos Varela significa para el público cubano, ve el vídeo de su actuación en Paz Sin Fronteras 2009, el concierto al aire libre más multitudinario en la historia de Cuba. Escucha el rugido de devoción de un millón de personas en la Plaza de la Revolución de La Habana cuando Varela les pregunta, "¿dónde está mi gente de La Habana?". Cuando le dedica una canción a "su gente de Cuba, a quien le he cantado desde hace más de 20 años", le responden con un bramido todavía más fuerte.

Entre los mayores ídolos de Varela fuera de su tierra natal figura Jackson Browne, un cantautor californiano que podría ser considerado "el Carlos Varela estadounidense". Se conocieron en La Habana a finales de los 90 e hicieron una gira por Europa en 2004 y por los Estados Unidos en 2010. Carlos Varela "canta sobre lo que la gente siente en Cuba," le explicó Browne a un periodista norteamericano. "Forma parte de una generación que está impaciente, que quiere que algo pase, que algo cambie. Es la voz de la juventud cubana".

Discografía: Jalisco Park (1989) Carlos Varela en vivo (1991) Monedas al aire (1991) Como los peces (1995) Nubes (2000) Siete (2004) Los Hijos de Guillermo Tell, Vol. 1 (2005) No es el fin (2009)

www.carlosvarela.com