Carlos Garaicoa
Artista visual

La Habana se conoce como una ciudad en la que la historia permanece intacta; en la que el pasado y el presente son indistinguibles; donde las calles, los edificios, los espacios verdes e incluso los coches parecen haber sido siempre iguales. Sin embargo, si te quieres aventurar más allá de la imagen de postal de la capital cubana, no hay mejor lugar para empezar que la obra de Carlos Garaicoa. A lo largo de las dos últimas décadas, La Habana ha sido el punto de partida y el leitmotiv de las provocadoras y a menudo oscuramente divertidas creaciones de Garaicoa. Y aun así, sería inducir al error decir que la obra de Garaicoa lleva necesariamente a una comprensión de "La Habana verdadera" aunque sólo sea porque La Habana de Garaicoa tiende a ser una ciudad que se volatiliza; que sólo existe en su mente o que nunca existió.

Carlos Garaicoa nació en 1967 y creció en La Habana Vieja. Destaca que lo que vemos hoy en día de este barrio—que ha sido sometido a un desarrollo extenso y controvertido—tiene poco que ver con cómo era durante su niñez. "Todo lo que vemos aquí es una ilusión creada después de 1980—dice—. [La Habana Vieja] era totalmente distinta entonces. No había tantas plantas o adoquines en las calles". Su escuela primaria en Parque Cristo ha desaparecido al igual que su secundaria en Plaza de Armas.

De joven, Garaicoa no recibió ningún tipo de formación artística en las artes visuales. Tampoco fue formado como arquitecto aunque el interés que ha demostrado a lo largo de su carrera por esta disciplina pueda llevar a pensar lo contrario. Como adolescente, estudió termodinámica en el instituto técnico de Vibora. Su padre era un apasionado de la lectura y transmitió su amor por la literatura a sus dos hijos. Carlos tenía un amplio espectro de intereses—la escritura, la poesía y la música— y le gustaba dibujar y pintar como a la mayoría de los niños. No obstante, no estudiaría arte hasta que entró al Instituto Superior de Arte de La Habana en 1989.

La obra de Garaicoa incluye (si bien no se limita a…) instalaciones, dibujos, cine, fotografía, planos, y esculturas se ha mostrado en las bienales de Venecia y La Habana; en el Caixa Cultural de Río de Janeiro; el Instituto de Arte Contemporáneo de Filadelfia; el Royal Ontario Museum y Documenta II en Alemania. Puede hallarse en galerías, colecciones privadas y museos alrededor del mundo. Actualmente divide su tiempo entre sus estudios de La Habana y Madrid.
 
Si empiezas en la casa de infancia de Garaicoa en la calle Aguiar entre Muralla y Sol y caminas dos cuadras hacia el este y ocho cuadras hacia el sur llegas a la sede de Fin de silencio, la muestra individual de Garaicoa durante la Bienal de La Habana 2012. El primer indicio del prestigio de Garaicoa dentro del mundo del arte es que este espacio de exhibición se alberga dentro del Centro de Arte Contemporáneo Wilfredo Lam, la institución que organiza la Bienal desde sus inicios en 1984. La próxima pista es que la galería de la segunda planta dedicada a Garaicoa está iluminada en una forma que se asemeja a un templo y que, antes de entrar a este sanctum santorum, los visitantes han de quitarse los zapatos.

En realidad, hay una razón práctica para quitarse los zapatos. Se trata de no ensuciar las siete alfombras que conforman Fin de silencio. Cada una de ellas, reproduce una sección de aceras habaneras con impresionante detalle fotográfico, incluyendo manchas de chicle y sombras fantasmagóricas. Las sombras pueden pertenecer a transeúntes de los años 30 y 40 de cuando las aceras eran nuevas y publicitaban tiendas por departamento llamadas Sin Rival, La Lucha o Reina. Hoy en día las tiendas han desaparecido, si bien las aceras continúan a hablar de tiempos pasados. En los tapices de Garaicoa, sin embargo, las aceras toman un giro poético y lucen fragmentos como "fin de silencio", "frustración de sueños", "sin miedo" y "el pensamiento".

Mientras que las contribuciones de Garaicoa a la Bienal de La Habana 2012 se insertan en un contexto específico a La Habana, en muchas de sus exhibiciones previas explora territorio más utópico o universal. Su ciudad en papel de arroz, No Way Out (2002), hacía referencia a Japón. Las réplicas de plata de la cárcel que realizó en The Crown Jewel (2009) se confrontaba al tema universal de la tortura. En Bend City (2007), construye un paisaje urbano con cartón.

Dicho esto, nos podríamos preguntar si Garaicoa se ve como un artista cubano que vuelve a sus raíces. "Creo que siempre estamos en proceso de renegociar el cliché de lo que somos—explica Garaicoa. Es seguro que, con un poco más de presencia internacional en el mercado del arte, la gente pone de lado sus clichés. Pero el cliché me ha seguido y lo puedes ver aquí. Muchos artistas cubanos de mi generación y de generaciones previas siempre cargarán con este peso sobre sus espaldas".